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Cuál es el origen del universo, cómo se creó la Tierra, de qué estamos formados… son preguntas que nuestros antepasados se hicieron durante siglos.
Ante estas cuestiones, algunos de los filósofos y científicos (que en la época venía siendo prácticamente lo mismo) más importantes de la historia comenzaron a proporcionar ciertas respuestas que, alejándose de las soluciones que tenemos actualmente, no iban tan desencaminadas.

Nuestro viaje comienza en el año 600 a.C. aproximadamente, en la ciudad de Mileto, buscando a uno de los primeros filósofos: Tales de Mileto.
Tales fue la primera persona que trató de comprender el mundo de forma racional, de buscarle una explicación a los hechos que ocurrían en el mundo que se alejasen de la justificación a través de acciones divinas.

Este filósofo será el primer hombre de Occidente en alejarse de los mitos y darle a la vida un significado lógico, basado en teorías e ideas. Seguramente ahora mismo os estéis preguntando: ¿por qué me cuenta todo esto? El motivo es, ni más ni menos, que Tales fue la primera persona en considerar la existencia de “elementos básicos” a partir de los cuales se forma todo aquello que conocemos. Más en concreto, Tales consideró el agua como el origen de todo.

No mucho después, Heráclito, otro sabio griego, consideró el fuego como el elemento fundamental de nuestra existencia, mientras que el filósofo presocrático Jenófanes consideraba que la tierra era el elemento primordial.
Agua, fuego, tierra… ¿adivináis que elemento nos falta? Exactamente, aire. En este caso fue Anaxímenes, un discípulo de Tales, quien consideró dicho elemento como la base del mundo que conocemos.

Si seguimos avanzando en la historia llegamos al siglo V a.C, situándonos en la ciudad de Agriento (Italia), para conocer a Empédocles, otros de los grandes filósofos de la historia. Este gran sabio fue capaz de aunar las teorías de todos los filósofos anteriores en una sola y considerar la existencia de “la primera tabla periódica”.

Así es, Empédocles consideraba que cualquier elemento del universo podía formarse a partir del agua, de la tierra, el fuego y el aire. Por ejemplo, para
crear el hueso solo necesitaríamos dos partes de tierra, dos de agua y cuatro de fuego, y aunque esto no sea correcto, no andaba completamente equivocado. Empédocles consiguió razonar, en un mundo gobernado por las deidades, el origen de lo conocido a partir de una serie de elementos básicos, sencillos, que se podían unir y separar mediante dos fuerzas elementales: amor y odio, dos agentes contrarios que permiten que los elementos se combinen y se separen.

Cuatro elementos y dos fuerzas. Simple y hermoso.

Obviamente, esta no era la solución correcta, pero permitió que varios filósofos se planteasen dicha teoría durante años. Anaximandro propuso como materia primaria el “apeirón”, un elemento neutro entre dos opuestos, algo que no se aleja mucho de nuestra idea del vacío. Parménides, por su parte, ideó una especie de ley de conservación de la masa y la energía.

Si juntamos todos estos elementos llegamos a la teoría de Demócrito, quien consideraba que la materia estaría formada por elementos pequeños e indivisibles, a los cuales llamaría “átomos” (indivisibles en griego). Sin embargo, entre que en aquella época era imposible observar átomos y que su teoría no fue apoyada, esta cayó en el olvido.

Tuvieron que pasar más de 800 años para que Dalton, en 1804, descubriese el átomo, demostrando las ideas de Demócrito y llevando a cabo uno de los descubrimientos más importantes de la historia científica.
Dalton se encargó de estudiar la teoría atómica y descubrió los primeros elementos que formarían parte de la tabla periódica. Aquí comienza la historia que todos conocemos, aquella que comenzamos a estudiar en la ESO y de la que todos nos acabamos olvidando: modelos atómicos, los elementos de la tabla periódica…

Tras el descubrimiento de Dalton, Mendeliev decide organizar todos los elementos descubiertos hasta la fecha según su peso atómico y valencia, construyendo así un puzle cuyas piezas encajan a la perfección.

Por lo tanto, hemos viajado a través del tiempo, comenzando por 1 elemento principal, pasando por 4 hasta construir una tabla, la cual actualmente está incompleta… ¿o no? Igual los huecos que presenta realmente no pueden ser completados por ningún elemento, o quizás la mecánica cuántica nos permita abrir una ventana inexplorada en este campo.

Lo que está claro es que la ciencia no para de avanzar y todos los días podemos descubrir algo que cambie el mundo por completo. Y es que ahí reside la magia de la investigación, la innovación y el descubrimiento.

María Caseiro Arias

Bibliografía:

  • El bosón de Higgs no te va a hacer la cama (Javier Santaolalla)

Recomendación de la escritora:
https://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/descifrar-la-gravedad-769/la-tabla-peridica-una-obra-inacabada-17535

María Caseiro Arias
Coordinadora de desarrollo y diseño web , Quantum Society

Estudiante de 4º de Matemáticas e Ingeniería Informática en la Universidad de Santiago de Compostela.

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