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Hoy os voy a hablar de una de las historias que mas me han impactado de la NASA. Una de esas historias que, si hubiese tenido un final distinto, habría cambiado la historia de la humanidad. Más en concreto, la historia del feminismo y la presencia femenina en el mundo científico. Hoy os hablaré de Las mujeres del Mercury 13.

Además, os voy a hablar de una de las mujeres que más me han inspirado como ejemplo de lucha y superación: Jerrie M. Cobb.

Contexto

Para poneros en contexto vamos a viajar mentalmente a 1958, poco tiempo después del nacimiento de la NASA y en medio de plena guerra fría. Como sabréis en este momento los rusos están ganando mucha ventaja en la carrera espacial, en 1957, tan solo un año antes, habían mandado el primer satélite a la órbita terrestre: el Sputnik 1.
Tras esta derrota por ser los primeros en llegar al espacio, el presidente Eisenhower creó la NASA con el objetivo de ser los primeros en enviar a un hombre al espacio, no se podían permitir otra derrota por parte de los soviéticos.

En este momento se consideraba que tan solo los hombres podían viajar al espacio, no era una norma escrita pero, debido a que ellos eran los únicos que podían acumular 1500 horas de vuelo en aviones militares (requisito para ser astronauta), la decisión parecía clara.
A pesar de ello, entre 1959 y 1962 existió un grupo de mujeres conocido como Mercury 13, que probaron los límites de la sociedad de la época en cuanto a igualdad de derechos se refiere. Por desgracia, nunca tuvieron la oportunidad de alcanzar la órbita.

Historia de las mujeres del Mercury 13

La historia de este grupo en la NASA está íntimamente ligada a dos figuras que, obviamente, eran masculinas:

  • Donald Flickinger: médico y general de la fuerza aérea (USAF), pionero en el incipiente campo de la medicina espacial y uno de los responsables de la selección de los astronautas del Mercury.
  • Randolphy Lovelace: trabajó como médico a cargo del Mercury y junto con su tío, fundó el Instituto Lovelace de Albuquerque, una institución privada centrada en estudios médicos relacionados con la aviación.

Tanto Flickinger como Lovelace estaban interesados en comprobar si las mujeres serían capaces de superar las mismas pruebas físicas que los hombres tuvieron que pasar para entrar en el programa espacial del Mercury. Puede que por su parte fuera simple curiosidad científica, pero no cabe duda de que sentó un gran precedente en la historia de la carrera espacial.

Ambos habían llevado a cabo estudios médicos en mujeres pilotos y querían averiguar si existía algún límite fisiológico por el cual las mujeres no podrían llegar al espacio. Se rumoreaba que los soviéticos iban a poner a una mujer en el espacio (lo cual consiguieron en 1963, enviando a Valentina Tereshkova a la órbita terrestre) y, aunque la Casa Blanca no mostraba preocupación por ello, querían que el país fuese capaz de responder a este desafío lo más rápidamente posible.
A pesar de la mentalidad de la época, marginar a la mitad de la población no es muy buena idea cuando el objetivo es ganar a la Unión Soviética a toda costa.

Jerrie M. Cobb

Así, en 1960, el doctor Lovelace y el general Flickinger invitaron a la laureada piloto Geraldyne “Jerrie” Cobb (de la cual os insto a leer más) para que se sometiera a las pruebas físicas ideadas para seleccionar a los primeros astronautas de la NASA.

Randy Lovelace ya conocía a Jerrie Cobb desde 1959, así como su trayectoria. Jerrie era una piloto fantástica, que había volado por primera vez a los 12 años, conseguido su licencia de vuelo a los 17, y su licencia de instructora de vuelo a los 21, instruyendo a hombres ya a tan temprana edad. A pesar de ello, le era difícil encontrar trabajo más allá del puesto de azafata, por el simple hecho de ser mujer. Pero no se rindió, tenía claro que quería ser piloto. Accedió a puestos peligrosos que muchos no aceptaban, como transportar aviones militares por el mundo, o pilotar cazas y bombarderos. Con 28 años fue nombrada mejor piloto en Estados Unidos, participaba en eventos mundiales de aviación y tenía tres récords del mundo.

Cobb, se convertiría en la primera participante del “Programa para la Mujer en el Espacio”, el cual era secreto y no tenía el permiso de la NASA.
Habría sido la primera mujer en el espacio si hubiese encontrado el apoyo necesario.

Del Mercury 7 al Mercury 13

Durante el comienzo de la carrera espacial hubo mucha incertidumbre en cuanto a las condiciones a las cuales iban a estar expuestas las astronautas, por lo que la clínica Lovelace ideó todo tipo de pruebas, incluidos los agotadores tests que habían pasado los miembros del programa Mercury 7 . Estas son algunas de las 87 pruebas que le realizaron a Cobb:

  • Le insertaron y pincharon agujas.
  • La sumergieron en agua en plena oscuridad para simular un estado de aislamiento sensorial.
  • Vertieron agua congelada dentro de sus orejas para simular la condición de vértigo.
  • Introdujeron un tubo de goma de 91,44 cm a través de su garganta para analizar los ácidos estomacales.

Jerrie no solo superó las tres fases del programa eliminatorio, sino que superó a los astronautas masculinos en algunos de los tests, batiendo récords mundiales.

Lovelace anunció su éxito en una conferencia en Estocolmo , Suecia, en 1960, y Jerrie Cobb adquirió bastante fama y publicidad tras ello. Se convirtió en una sensación de los medios. Para comprobar si podía replicar los resultados obtenidos por Cobb en otras mujeres, Randy Lovelace se propuso reclutar a una docena de mujeres para que pasaran las mismas pruebas que Jerrie. Acababan de surgir el Mercury 13.
Realmente hubo 19 candidatas, de las cuales solo 12 consiguieron pasar las pruebas:

Myrtle Cagle, Janet Dietrich, Marion Dietrich, Wally Funk, Sarah Gorelick, Jane Cameron Briggs, Jane Hixson, Bernice Trimble, Jerri Sloan, Rhea Hurrle, Gene Nora Stumbough e Irene Leverton.

Sí, os escribo todos los nombres porque una mención es lo mínimo que se merecen.

Aborto del proyecto

Por desgracia, la NASA no dio su consentimiento debido a uno de los requisitos solicitados y discriminatorio para los mujeres: poseer experiencia en programas de jets militares.

Las Mercury 13 llevaron su caso al Congreso y realizaron múltiples entrevistas buscando agitar los medios de comunicación, pero por desgracia no consiguieron su objetivo. A pesar de ello, fueron una inspiración para las mujeres de la época (aún ahora lo son), y motivaron a las que en un futuro se convertirían en las primeras mujeres estadounidenses en llegar al espacio.


Espero que os haya gustado la historia, la verdad es que para mí es muy importante. Estas mujeres consiguieron retar a la sociedad de la época y demostrar que estaban a la altura, incluso por encima de los hombres, para desempeñar cualquier trabajo.

Gracias a ellas el mundo pudo experimentar cómo sería una sociedad igualitaria entre hombres y mujeres, y les debemos mucho por ello.


Bibliografía

María Caseiro Arias
Coordinadora de desarrollo y diseño web , Quantum Society

Estudiante de 4º de Matemáticas e Ingeniería Informática en la Universidad de Santiago de Compostela.

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Una respuesta

  1. Mi más sincera enhorabuena María. Una historia increíble que necesitaba ser más conocida. Debemos mucho al papel que ha desarrollado la mujer en la ciencia a lo largo de la historia, de no ser así, muchos de los avances actuales no habrían sido posibles. Sin embargo, los nombres masculinos son los que figuran con mayor asiduidad en los datos históricos. De ahí, la gran necesidad de dar mayor visibilidad a la relevancia del colectivo femenino tanto en la esfera del avance científico, como en la del avance de la sociedad en general. Gracias por compartir esta información.

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